08 marzo 2008

La efigie tumbal de Berenguela y su odisea.

Cuando el 23 de diciembre de 1230 la muerte alcanzó a Berenguela, la construcción de la abadía de L'Epau -su proyecto más deseado- apenas había comenzado. No pudiendo ser enterrada, por tanto, en el lugar que se acostumbraba reservar para los fundadores[01], su cuerpo fue depositado provisionalmente en una fosa cavada en el área destinada a albergar la sala capitular.

Abadía de l'Epau, Le Mans. Ubicación actual del sepulcro en la sala capitular.

No fue hasta la segunda mitad del s.XIII cuando los avances conseguidos en la construcción de la abadía permitieron a los monjes ocuparse de su benefactora y encargar su singular sepulcro[02].

Abadía de l'Epau, Le Mans. La longitud de la efigie, 1,99 m, revela la clara la intención del escultor de transmitir majestuosidad.

Abadía de l'Epau, Le Mans. A pesar de las vicisitudes sufridas por el monumento, el grado de conservación es bastante bueno. Sólo la mano izquierda y la nariz parecen haber sido reconstruidos.

A tenor de la calidad de la talla, es fácil concluir que el presupuesto del convento no daba para mucho, pues es evidente que el anónimo artista no había alcanzado aún la categoría de un maestro. Sin embargo, estas limitaciones fueron ampliamente suplidas por el contenido simbólico con el que fue dotada la efigie tumbal para destacar las señales distintivas y los méritos que caracterizaron a Berenguela a lo largo de su vida. Así, la corona, decorada con florones y joyas, recuerda su condición de reina; el podenco tumbado a los pies, sus virtudes de leal esposa; el león, su matrimonio con Ricardo; el limosnero que cuelga de su cinturón, las obras de caridad que le caracterizaron; el libro de Horas, la evocación del fin de sus días; y los ojos abiertos, la espera del día del Juicio Final.

Abadía de l'Epau, Le Mans. La representación de Berenguela a modo de novia también tiene su propia lectura.

La fina tela del limosnero permite distinguir las monedas que contiene.

Sin embargo, no está tan claro qué más quiso transmitirnos el artista al componer la singular escena del león sobre el perro, o al esculpir tan detalladamente el libro de Horas que Berenguela sujeta con esa postura tan particular y única.

Un león a los pies del esposo y un podenco a los pies de la esposa, signos de nobleza y lealtad, respectivamente, son muy habituales en las efigies medievales del occidente europeo. Tampoco es extraño que, en ocasiones, sean dos los leones o los perros que se representen. Pero esta presencia conjunta de un león y un perro es excepcional. Aunque se ha venido interpretado que el león está atacando al perro, Ann Trindade cree que esto no está tan claro:

...las garras del león, aunque visibles, no están extendidas, y su mirada es más vigilante que agresiva. El perro está echado sumisamente, quizás resignado; la cabeza ladeada y su mirada, que no delata sorpresa, resintencia ni angustia, no parece inmutarse ante la del espectador, en lo que podría ser una inconsciente imitación de la mirada de la propia reina. El león, en cambio, observa vigilante en otra dirección, quizás en actitud de protección o de posesión. Su mirada no tropieza con la del espectador cuando éste contempla la escena a los pies de la estatua. ¿Qué es lo que sugiere esta pose? ¿Protección? ¿Posesión? ¿Apresamiento?

El mundo medieval está lleno de signos y símbolos, a menudo en incongruente e inquietante yuxtaposición: lo sublime y lo grotesco, lo banal y lo noble, lo cómico y lo serio. Quizás, en este pequeño detalle el anónimo escultor ha añadido su propia broma final a la historia del Corazón de León y su leal reina.
[03]

¿Protección? ¿Posesión? ¿Apresamiento? Seguramente, más de uno verá otra cosa.

Mike Aldea [04], en base a las modernas hipótesis que hacen a Ricardo Corazón de León homosexual, entiende que pueda resultar muy tentador interpretar la escena como una alusión a sus tendencias sexuales. En cualquier caso, lo que este investigador cree más admirable es el ingenio del anónimo escultor para haberla imaginado... Una composición que transmite con fuerza la eterna complejidad de los pensamientos y comportamientos humanos, recordándonos cuán evasiva sigue siendo la verdad.

En cuando a la otra singularidad de la efigie, la del libro de Horas, la extraña manera en que es sujetado por la figura de Berenguela podría tener como único fin el de permitir divisar al espectador la talla de sus hojas y del cierre lateral del libro. En palabras de Étienne Bouton, esas hojas apretadas por el cierre del libro indicarían que su lectura había finalizado:

...las páginas han sido pasadas tal y como han desfilado, uno a uno, los años de una vida que, un día, se acaba con la muerte.[05]

Ann Trindade contempla la posibilidad de que el objeto que Berenguela sostiene tan cuidadosamente junto a su corazón, sea un relicario conteniendo un objeto sagrado.

La representación de Berenguela como una novia virgen también tiene su propia lectura. Ésta, por supuesto, nada tiene que ver con la presunta plasmación de la no consumación de su matrimonio con Ricardo que, torticeramente, se ha pretendido hacernos ver y creer. Ann Trindade ha tratadado también este aspecto del monumento y lo explica muy acertadamente:

Algunos estudios recientes... han visto en el estatus de las reinas la permanente tensión entre la virginidad y la maternidad, y esto habría sido realzado en el arte cristiano por sus obvias connotaciones con María. Como un símbolo de este rito del tránsito, el cabello de una reina era a menudo soltado el día de su boda. El uso del vestido de novia en el lecho de muerte escenifica otro rito de ese tránsito y, quizás, también prefigura el vestido de boda de la parábola, cuando los fieles son llamados al banquete del novio celestial.[06]

Esta conexión con la Virgen María también fue realizada, aunque sin profundizar en la cuestión, por Luis del Campo:

...su figura en piedra es la de una mujer joven, antes de llegar al esplendor de su vida, quizá hasta núbil, cuando todavía los años no han completado las proporciones somáticas de la mujer madura. Rechazable la representación de Berenguela en época rondando la muerte, ya anciana; semeja virgen dispuesta en los altares...[07]

La efigie, que hoy sólo muestra el color de la piedra desnuda, fue también provista de la habitual policromía. Y aunque el dibujo de los dorados que adornaban las telas se han perdido para siempre, los pequeños rastros de color que han perdurado hasta nuestros días nos permiten conocer que el vestido era de color azul; la capa, roja; el velo que cubre el cabello, verde grisáceo; y el cinturón, broche y corona, de tono dorado.

Recreación de los colores originales de la efigie tomando como base el dibujo realizado por Charles A. Stothard.

El sepulcro, conformado por la lápida y un basamento de poco más de dos pies de altura con forma de cofre y decorado una arquería de 18 elementos, fue ubicado también en la sala capitular debido a que las obras de la iglesia todavía no habían finalizado. Hoy, aunque sobre un basamento moderno, podemos contemplarlo en ese mismo lugar sin llegar a hacernos una idea de la odisea que el destino le deparó.

Tres de las piedras sobre las que se esculpió la arquería del basamento original fueron encontradas, vueltas del revés, en la escalera del altar dedicado a San Sebastián.

Étienne Bouton ha llegado a descubrir hasta ocho emplazamientos diferentes de la lápida. Los enumera detalladamente en un artículo que muy apropiadamente ha titulado como "Las peregrinaciones del mausoléo de Berenguela".[08] Estos emplazamientos fueron:

Primero, la sala capitular, donde permanecerá durante varios siglos.

Segundo, el interior de la iglesia abacial, a donde es trasladado en 1602, ubicándose cerca del altar, en paralelo al muro del lado del Evangelio.

Tercero, el centro del coro, en el que por fin es ubicado, sobre un nuevo basamento, en 1672. Allí permanecerá hasta 1790.

El texto de esta placa de pizarra que fue incorporada al nuevo basamento dice así: "Este mausoléo de la serenísima Berenguela, reina de los ingleses, ilustre fundadora de este monasterio, fue reparado y transportado a este lugar más majestuoso y en él se recogieron los huesos descubiertos en la antigua tumba. 27 de mayo de 1672".

Cuarto, un lugar apartado de la iglesia a donde es retirado tras convertirse la abadía en una explotación agrícola. Es allí donde, en 1816, el anticuario inglés, Charles Alfred Stothard, lo vuelve a encontrar oculto bajo un montón de trigo. Sus impresiones fueron recogidas en un trabajo editado por su viuda, y reproducidas por Agnes Strickland en el capítulo dedicado a "Berengaria of Navarre" de su The Lives of the Queens of England:

"Cuando el Sr. Stothard visitó la abadía de l’Épau, cerca de Le Mans, buscando la tumba de Berenguela, encontró la iglesia convertida en un granero, y el objeto de su investigación, mutilado y oculto bajo una gran cantidad de trigo. El grado de conservación era excelente, a excepción del brazo izquierdo... Después de la correspondiente búsqueda, una porción del brazo que pertenecía a la estatua fue recuperada". Tres hombres, que habían participado en los trabajos que supusieron esta destrucción, indicaron que "el monumento, incluida la efigie, estaba ubicado en el centro de la nave, en el lado este de la iglesia; que no había ataúd dentro de él, sino una caja cuadrada pequeña, conteniendo huesos, piezas de lino, un poco de tela bordada con oro y una pizarra con una inscripción". La pizarra fue encontrada en posesión de un canónigo de la iglesia de St. Julián de Le Mans.[09]

Quinto, el transepto norte de la catedral de Le Mans, tras la donación realizada en 1821 por Pierre Thoré, el propietario de la abadía.

El traslado a la catedral obliga a cambiar la placa anterior por esta otra: "Este mausoleo dedicado a Berenguela, la más serena reina de Inglaterra y fundadora de este monasterio, fue restaurado y reubicado en este lugar más solemne, y en él se introdujeron los huesos que fueron encontrados, el 27 de mayo de 1672, en la vieja tumba. Éste había sido trasladado desde la abadía de Pietas Dei hasta la Catedral el 2 de diciembre de 1821". Es la placa que actualmente se puede ver en el sepulcro.

Sexto, el transepto sur desde 1860, tras haberse decidido levantar en el lugar que ocupa un monumento a Monseñor Bouvier.

Fotografía del mausoléo de Berenguela en el transepto sur. El basamento sobre el descansa la lápida es el construido en 1672.

Séptimo, otra vez el transepto norte, aunque ahora en un lugar más próximo al altar del crucifijo, a donde se desplaza, en 1921, para permitir erigir en su lugar un monumento a los clérigos de la diócesis muertos por Francia en el transcurso de la Primera Guerra Mundial. El traslado, celebrado con toda la pompa y el boato que exigía la condición real de Berenguela, supuso todo un homenaje de la ciudad de Le Mans a su recordada benefactora. Julio Altadill, que asistió como invitado a la ceremonia, nos dejó un impagable reportaje de la emotiva ceremonia:

En la Catedral del Mans tuvo lugar el domingo 27 de Febrero del año corriente una solemne ceremonia, como pocas veces se había registrado en el artístico recinto de aquella Seo monumental, testigo mutilado por el destructor hierro del invasor en los días luctuosos que han atravesado las naciones centrales, con tan dolorosas resultancias para el arte cristiano de la nación vecina.
Erigido en aquel templo un monumento conmemorativo dedicado á la memoria de los Sacerdotes de dicha diócesis que en los campos de batalla han dado su vida por la patria en la bárbara guerra europea de 1914-1918, é instalado aquél en el transepto ó brazo Sud de la mencionada Catedral, pareció oportuno trasladar desde dicho brazo al opuesto, en el lado Norte, el monumento sepulcral que alli ocupaban, desde el siglo XIII
[en realidad, desde comienzos del siglo XIX], los restos mortales de D.ª Berenguela, nieta [en verdad, hija] de Don Sancho el Sabio é hija [en verdad, hermana] de D. Sancho el Fuerte, (reyes nuestros ambos), Señora del Mans, Reina de Inglaterra y esposa de Ricardo Corazón de León, Rey de Normandia, Poitiers é Inglaterra; y, como decimos arriba, el 27 del mes próximo pasado, se ha efectuado con todo aparato, la translación de los restos y el acto de sellar la losa sepulcral que los cubre, concurriendo todo el cabildo de la Catedral sin excepción, celebrándose oficio fúnebre solemne, y á luego la conducción procesional de la cajita conteniendo los huesos de aquella hija, nieta y esposa de reyes, cubriéndose el pequeño ataud con rico paño de terciopelo bordado en plata, y colocándole en el zócalo del nuevo sepulcro.

El mausoléo de Berenguela en su último emplazamiento dentro de la catedral.

Terminó este oficio fúnebre dándose la bendición y rezándose responso, mientras los grandes órganos del magestuoso templo interpretaban el himno nacional inglés.
Acto seguido rodearon ávidamente el mausoleo los concurrentes, cubriéndole de flores y ramos de violetas, y leyendo las inscripciones colocadas á las que rodeaban cordones y cintas tricolores; las inscripciones, traducidas al castellano, dícen así:
«Homenage á Berenguela de Navarra, reina de Inglaterra y de Chipre, nuestra buena Dama del Mans, cuyo recuerdo muy grato persiste y sobresale después de siete siglos en nuestra mural corona.»
«A la magestad soberana, la belleza, la bondad y las virtudes de su juventud, se agregaron su grandeza en la adversidad y su resignación en el sacrificio».
«Princesa de Paix y de Foix, insigne Dama del Mans, cuya dulce memoria y Augusta imagen irradian hacia todos los corazones, ella inspira todavía nuestros consuelos y emociones. Reina, en este lugar santificada: que tus venerables cenizas reposen aquí tranquila y perpetuamente.»
«A la doliente y compasiva memoria de la Dama del Mans, Berenguela de Navarra, y á la de nuestros hijos, dedicamos estas flores recogidas en l'Epau, donde han sido sepultados tantos héroes que sucumbieron en la Santa Cruzada de 1914 á 1918.»
[10]

Octavo, la capilla dedicada a los Tres Reyes de la abadía de l'Epau, a donde es trasladado, sin su basamento del s.XVII, al concluir las obras de restauración efectuadas en los años sesenta. Fue en este lugar donde, en junio de 1984, la reina madre de Inglaterra (madre de Isabel II) se arrodilló ante la efigie formulando su deseo para que "Berenguela y Ricardo fueran reunidos después de tantos siglos de separación".

Finalmente, en 1988 la efigie es trasladada, no a Fontevraud (donde reposan los restos de Ricardo 'Corazón de León), sino a la vecina sala capitular en la que se encuentra desde entonces.

Visto todo lo anterior, ya sólo queda una cuestión por comentar: la de si el rostro esculpido se correspondería con el de Berenguela. Luis del Campo, tras haber tenido acceso al informe forense realizado a los restos mortales, concluye que sí. Siendo profano en el arte forense, no diré nada y sólo me limitaré a reproducir sus conclusiones de especialista en la materia:

...las magistrales mensuraciones y direcciones de los huesos craneales de Berenguela, proporcionados por los citados antropólogos... Coincidirían con los rasgos de la escultura que forma parte del sepulcro conservado de Berenguela: frente llana o lisa, arcadas superciliares apenas ostensibles, cara estrecha, pómulos poco remarcables, con eminencia mentoniana saliente y triangular. Se trataría del fiel retrato de la Infanta navarra, modelado directamente del original, o con mayor verosimilitud tomando como modelo cuadro pictórico diseñado del natural... procedimiento similar al utilizado modernamente en Medicina Legal con fines identificativos, superposición fotográfica sobre cadáver, con la finalidad de determinar coincidencias. Análogamente el escultor reproduciría la facies exacta de Berenguela...[11]

Manuel Sagastibelza.

[01] De acuerdo con dos dispensas especiales cistercienses de 1152 y 1158, los restos de los fundadores podían ser enterrados dentro de la iglesia. Dentro de ella, el lugar frecuentemente elegido era el correspondiente al coro. Ann Trindade, In Search of Richard the Lionheart's Queen, p. 187.
[02] Étienne Bouton, L'Epau, l'Abbaye d'une Reine, p. 18. Ann Trindade, en cambio, cree que la efigie habría sido encargada por la propia Berenguela. Op. cit. pp. 196 y 221.
[03] Ann Trindade, op. cit., pp. 197-8.
[04] Mike -o Mihai- Aldea, arquitecto rumano que lleva más de 30 años ejerciendo su profesión en Estados Unidos, está realizando una investigación sobre las escenas con leones y perros que habitualmente se representan a los pies de las efigies funerarias medievales. Los comentarios recogidos en este artículo me fueron realizados por él durante la comunicación que mantuvimos vía correo electrónico.
[05] Étienne Bouton, op.cit., p. 19.
[06] Ann Trindade, op. cit., pp. 196-7.
[07] Luis del Campo, Berenguela. Reina de Inglaterra. Infanta de Navarra, p. 30.
[08] Étienne Bouton, op.cit., p. 22.
[09] Agnes Strickland, Lives of the Queens of England fron the Norman Conquest, v-II, p. 40.
[10] Julio Altadill, "La sepultura de una Reina", Boletín de la Comisión de Monumentos de Navarra, 1921, XII, pp. 49-50.
[11] Luis del Campo, op.cit., pp. 29-30. El autor fue un prestigioso médico forense de Navarra que dedicó parte de su tiempo de ocio al estudio de una de sus mayores pasiones: nuestra Historia.

6 comentarios:

Anónimo dijo...

Muy interesante. Aupa

Anónimo dijo...

Extraordinario articulo.felicidades.

cogollicos de tudela, dijo...

1,99 mts la talla de la imagen, ¿ por que no pudiese ser su auténtica estatura? , una estatura nada acorde con su tiempo, casi medio metro más alto que la gran mayoría de las mujeres de su época , pero algo normal, si se es hermana de SANCHO VII "el fuerte" con una estatura comprobada de 2.23 mts,
!!!! para que digan que la verdura de TUdela no es sana!!,

Manuel dijo...

De acuerdo con las mediciones de sus restos óseos, Berenguela medía poco más de 1,50 m. De todas formas, tampoco Sancho fue tan alto como se pretende. Según las mediciones de Luis del Campo, rondaría los 2,00 m. Lo que pasa es que, a la hora de las conclusiones, dado el margen que admiten diversos factores, entendió que la talla reproduciría su altura exacta.
Saludos.

Esperanza Aragonés dijo...

Buenas noches Manuel, muy interesante y completa entrada como todas las de tu blog.
Te cuento: Estoy trabajando en un estudio de la portada del Santo Sepulcro de Estella y me encuentro que de acuerdo con la identificación de la pra. Clara Fernández-Ladreda en el libro de El Arte Gótico en Navarra (2015); p. 324; dice que una de las estatuas que recibe al caminante de esta portada estellesa, es San Julián obispo de Le Mans, dado que por aquél entonces contaba con una cofradía en la parroquia.
Esta advocación tan inusual en el culto estellés y navarro entiendo que se debe a los vínculos y herencia cultural que la monarquía navarra tuvo con los Plantagenet desde la época en la que tu lo estudias, es decir desde fines del s. XII.
Te parece?

Manuel dijo...

Sí, Esperanza. Se lo comenté a Clara cuando la charla de los Amigos del Camino del año pasado (en la que Mikel hizo la presentación). Berenguela tuvo navarros, seglares y laicos, en su séquito. Está claro. pues, que esa vinculación debe venir de entonces. Bien visto!!!